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Todo sobre el cepillo exfoliante

De dientes, de pelo, cutáneos… Los cepillos tienen múltiples usos y beneficios. Entre ellos destaca el modelo de tipo exfoliante.

Si no te suena y quieres saber qué es, cómo puedes utilizarlo y cómo elegir uno en base a tus necesidades, solo tienes que prestar atención a este artículo.

Durante los siguientes párrafos veremos precisamente las ventajas que posee este objeto que sirve para acabar con las pieles muertas que le dan un aspecto cansado y sin brillo a nuestro cuerpo, de manera que la dermis pueda volver a lucir sana y lustrosa.

Por supuesto, para ello también es importante que repasemos en qué consiste este tratamiento, para quién ha sido pensado y qué precauciones debes tener en cuenta antes de ponerte manos a la obra, pues de lo contrario podrías hacerte daño.

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Guía de iniciación a los cepillos exfoliantes

La exfoliación es un proceso que consiste, básicamente, en eliminar las células muertas y otras partículas que se van acumulando en nuestra piel, de modo que hacen que se vea rugosa y sin brillo.

Con esto en mente, ya podemos pasar a ver cuáles son los beneficios de los cepillos en ella y los motivos por los que deberías hacerte con uno.

¿Cuáles son sus ventajas principales?

Son un complemento excelente para realizar la exfoliación porque ayudan a hacerla de manera más profunda gracias a la forma que tienen, que también hace el tratamiento más cómodo.

Gracias a que podemos elegir la presión que ejercemos sobre la piel y a que tienen cerdas que actúan sobre ella, logramos remover todas las impurezas sin llegar a ocasionar ningún tipo de daño.

Además, reduce el sebo, produce un aumento de endorfinas, reactiva la circulación, disminuye el tamaño de los poros, estimula la producción de colágeno, le da un aspecto más uniforme, combate el envejecimiento y consigue tanto mejorar el tono como hacer que tenga mayor luminosidad.

Como también consigue que el resto de cosméticos penetren mejor en ella, aumenta su eficacia y permite que la dermis quede perfectamente nutrida.

Encima, todos estos beneficios, sumados a los que hemos visto antes, afectan tanto al cuerpo como al rostro, de modo que cuida toda tu piel por igual.

Y, lo mejor de todo, es que con él ahorrarás tiempo, ya que todos estos beneficios apenas te llevarán unos minutos conseguirlos.

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¿Cómo elegir uno adecuado para ti?

Antes de ponerte a valorar opciones debes saber que existen dos tipos principales: los cepillos corporales y los faciales.

La razón es muy sencilla: como la piel del rostro es más sensible, necesita unos cuidados específicos.

Por eso, no puedes usar en tu cutis un cepillo para el cuerpo, pues podría dañar tu piel. Y, al contrario, si empleases uno facial en el resto de la dermis, apenas notarías sus efectos.

Después, debes fijarte en las cerdas, que son el elemento principal, pues su tamaño y dureza determinan la eficacia del objeto.

Para pieles sensibles, conviene que sean suaves y naturales. Y, en general, las de puntas redondas son mejores porque maltratan menos la epidermis.

Otro detalle importante es su sistema, por lo que debes valorar si prefieres uno manual o un cepillo que actúe mediante pequeñas vibraciones (más suaves) o con tecnología rotatoria.

Estos dos últimos pueden funcionar mediante pilas o con batería.

Luego hay otros detalles en los que te puedes fijar, como el tamaño, la forma (para que se adapte mejor a tu mano y la zona a tratar) o, en el caso de los no manuales, las velocidades con las que ejerce la presión sobre la piel y los accesorios con los que cuenta.

En cualquier caso, asegúrate siempre que el material es resistente al agua y que sus cerdas se pueden lavar bien antes de comprar cualquier producto.

Por último, su precio es otro factor determinante. Afortunadamente, existen algunos muy baratos y de buena calidad, sobre todo en el caso de los manuales. Si eliges uno pequeño y sencillo, por cerca de 10€ conseguirás grandes resultados.

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¿Cuáles son las pautas para darle un uso adecuado?

Por fortuna, el método de empleo es realmente cómodo y sencillo. Para empezar, debes humedecer la piel a tratar (o aprovechar el momento de la ducha, que es lo más recomendable) y, después, echarle algo de gel al cepillo.

A continuación, muévelo por la dermis con un suave masaje de dos minutos por área. Si es en la cara, haz que vaya desde el interior hasta el exterior. Pero no presiones, simplemente desliza el cepillo.

Luego aclara los restos con agua fría (que sella los poros y activa la circulación) y sécate con una toalla suave de algodón.

Para terminar, aplica una crema hidratante para evitar que la zona se reseque y conseguir que quede perfectamente nutrida.

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¿Es necesario usarlo con geles?

Para conseguir mejores resultados, conviene que utilices un jabón o gel sobre el cepillo. Así la limpieza será más profunda gracias a que penetra en las capas internas para actuar desde allí.

Sin embargo, hay que saber elegir bien y tener claro que nunca se debe combinar con un cosmético exfoliante, porque entonces el tratamiento sería demasiado intenso y, además, su porosidad impediría que se deslice bien el cepillo.

Por su parte, los geles limpiadores son más adecuados para pieles grasas. Mientras, los jabones con ingredientes como el aloe vera, aceites esenciales o grandes humectantes están más pensados para pieles sensibles o secas.

En cualquier caso, es conveniente que ninguno incluya alcoholes, parabenos o cualquier tipo de químico o irritante.

También te recomendamos el uso de guantes y esponjas exfoliantes.

¿Cada cuánto tienes que utilizarlos?

Como ya hemos comentado, la exfoliación es un tratamiento muy intenso y, por ello, no hay que abusar de ella.

Hacerla más veces de la cuenta podría llevar a deteriorar la barrera de protección natural de nuestra piel y a la aparición de eczemas.

Incluso con un cepillo es mejor ir con cuidado y realizar la exfoliación tan solo una o dos veces por semana. Esta frecuencia también dependerá de las necesidades y la sensibilidad de tu dermis, por supuesto.

Si sufres alergias o grandes problemas de sequedad, es posible que incluso tengas que espaciarlas más, hasta quince días.

Mientras, si tienes exceso de sebo o quieres combatir la celulitis, podrías aumentar los días hasta tres.

Eso sí, no te olvides de dejar siempre un tiempo de reposo entre cada tratamiento (al menos 48h sería lo recomendable) y de utilizar una crema hidratante tras cada sesión.

¿Hay riesgos asociados a su uso?

Al haber repetido tanto que se trata de un proceso abrasivo, es posible que te hayan entrado dudas y te preguntes si la exfoliación es adecuada para ti. La respuesta en todos los casos es sí.

Gracias a que oxigena la dermis y hace que los productos hidratantes penetren mejor, es ideal para pieles desnutridas. En el lado opuesto, su limpieza a fondo ayudará a aquellas pieles grasas o repletas de hoyuelos.

Otros tipos de exfoliantes que hemos analizado son: Enzimáticos y químicos

Simplemente es importante insistir en las posibles contraindicaciones porque un mal uso podría hacer que aparecieran picores, rojeces o molestias, que son consecuencia directa del aumento de sensibilidad ocasionado por la modificación del manto hidrolipídico.

Pero si no abusas del tratamiento y sigues los consejos que aquí hemos repasado, no tendrás nada de lo que preocuparte, pues tu piel nunca quedará desprotegida frente a los agentes externos.

De todas formas, si notas alguna molestia, para enseguida, ya que será señal de que necesitas un cepillo más suave o de que tu piel requiere descanso.

¿Los cepillos requieren un mantenimiento concreto?

Efectivamente, estos objetos necesitan que sigas una serie de pautas muy sencillas para mantenerlos en perfecto estado.

Esto es especialmente importante porque, al entrar en contacto directo con la dermis, si acumulan suciedad o generan moho podrían llegar a infectarla.

Por suerte, hacer que estén como nuevos es muy fácil. Para empezar, después de cada uso tendrás que lavarlos con unas gotitas de jabón y agua templada, lo que evita que la suciedad que han quitado de tu piel se quede pegada en sus cerdas.

Después, solo debes dejar que se seque en alguna zona que no sea húmeda. Además, conviene que esté bien guardado y protegido frente a los factores externos.

Por eso, un estuche o neceser es una buena alternativa para que no coja polvo.

Más allá de esto, es importante que cambies el cabezal aproximadamente cada cinco meses si lo utilizas todas las semanas y cada ocho si la frecuencia es menor.

Esto es importante porque, pasado un tiempo, van perdiendo eficacia.

Además, ten en cuenta que son intransferibles. Si quieres compartirlo, debe ser uno que tenga cabezales intercambiables para que cada persona disponga del suyo propio.

Conclusiones

A estas alturas seguro que te ha quedado claro lo beneficiosa que resulta la exfoliación para mantener en todo momento sana y bonita nuestra piel.

Al eliminar las impurezas que se van acumulando a lo largo del día, le devolvemos su brillo y fomentamos que se formen nuevas células, que le darán un aspecto joven y renovado.

Para conseguir todo esto de manera sencilla y en tiempo récord, no hay nada mejor que el objeto del que hoy hemos hablado, ya que ofrece grandes resultados sin ser demasiado agresivo, lo que evita que se produzcan heridas o rojeces.

Siguiendo unas sencillas pautas, podrás disfrutar de todos sus beneficios. Así que, si quieres una limpieza eficiente, ahora ya sabes qué es un cepillo exfoliante, cómo utilizarlo y cómo elegir uno, no lo dudes más y dale una oportunidad.