Cuerpo

¿Cómo hacer un aceite corporal casero?

Con el objetivo de que comiences 2021 de la mejor manera posible, te traigo consejos y recetas para que descubras cómo hacer un aceite corporal casero que sea nutritivo y que cuide tu dermis de todas las formas que necesitas.

Entre mis propósitos de año nuevo se encuentra precisamente el de mantener mi piel en perfecto estado en todo momento y no descuidarla ni un segundo, porque, de lo contrario, los eczemas harán su aparición como consecuencia de la sequedad y del frío.

Así que, para empezar a cumplir con la lista, he aprovechado mis últimos días de vacaciones para probar varias técnicas que he leído online o que me han pasado buenas amigas. Después de haber hecho distintas pruebas, he seleccionado aquellas que mejor me han funcionado.

La recopilación de estos remedios es lo que encontrarás a continuación, junto con las pautas más interesantes para que los apliques, conserves y, en definitiva, para que aproveches su potencial al máximo. Espero que te sean de utilidad y con este post marquemos el inicio de un año fantástico.

¿Qué es un aceite corporal y cuáles son sus beneficios?

Empecemos por aquello más básico. Si queremos aprovechar todas las ventajas de un producto, primero tenemos que saber de qué se trata exactamente y cómo funciona sobre nuestro organismo. Solo de esta manera conseguiremos que no se nos resista.

En el caso que nos ocupa, los aceites son cosméticos líquidos que funcionan de manera similar a las cremas, solo que su textura es mucho menos untuosa y posee mayor fluidez, por lo que se extienden sin problemas y no resultan tan pesadas después.

Entre sus principales características se encuentran su capacidad para penetrar sin problemas en las distintas capas de la epidermis y, como consecuencia, su habilidad para conseguir grandes resultados en un tiempo récord.

Más allá de ofrecer una intensa nutrición, consigue por esto mismo devolver la elasticidad perdida a las zonas que más lo necesitan. A su vez, consigue regenerar las áreas dañadas, así que reduce la irritación, cura las quemaduras y suaviza las cicatrices.

Lo mejor es que la mayoría están compuestas en exclusiva de ingredientes completamente naturales, por lo que son aptos para todo tipo de pieles, ya que no provocan efectos secundarios ni tienen compuestos nocivos.

Por último, debido a lo aromáticos que resultan y a su agradable textura, son ideales para realizar masajes con ellos. Con esta técnica logramos relajarnos mientras ellos consiguen suavizar la dermis al mismo tiempo que nos aportan una gran dosis de hidratación.

¿Cuáles son los diferentes tipos que existen?

Por supuesto, estas son las características principales, aunque después existe una gama muy amplia de aceites, que poseen distintas propiedades  y que, por ello, pueden adaptarse mejor a unos tipos de pieles u otros.

La diferencia fundamental reside en su composición, ya que dependiendo de las plantas de las que hayan sido extraídos, tendrán una formulación u otra. Para que te resulte luego más fácil hacer el tuyo propio, vamos a ver cuáles son más adecuados en cada caso.

Para una nutrición completa: aceite de almendras dulces.

Además de mantener la piel perfectamente hidratada y de ser un buen antiinflamatorio, contiene propiedades emolientes que provocan calma inmediata. Asimismo, reduce las manchas y unifica el tono.

Para pieles agrietadas: aceite de argán.

De nuevo, es un estupendo compuesto nutritivo que, gracias a su alto contenido en antioxidantes, ayuda a aquellas dermis deshidratadas o secas, que como resultado de esta falta de nutrición se hayan irritado o dañado.

Para curar cicatrices y heridas: aceite de rosa mosqueta.

Más allá de ser un excelente humectante, fomenta la regeneración celular, por lo que ayuda a disminuir aquellas marcas que se hayan formado en la dermis. El problema es que es un aceite fotosensible, por lo que mejor no lo uses si creas cosméticos faciales.

Para reducir picores y molestias: aceite de caléndula.

Debido a sus propiedades antimicrobianas y antiinflamatorias, con este aceite podemos evitar la inflamación en aquellas pieles más dañadas.

Para cuidar pieles grasas: aceite de lavanda.

Además de no aportar nada de sebo, combate virus y bacterias, tiene un efecto calmante inmediato, relaja la dermis y cicatriza heridas, incluidas las quemaduras.

Para luchar contra el acné: aceite de árbol del té.

Sus propiedades antimicrobianas eliminan las bacterias, pero también los microorganismos culpables del acné. Al mismo tiempo, sirve para limpiar los poros y desbloquear las glándulas sebáceas.

Para modelar y reducir: aceite de algas.

Con este compuesto marino procedente de algas fucus, rompemos y eliminamos los cúmulos de grasa que se forman bajo el tejido de nuestra dermis, habitualmente en zonas concretas como los brazos, el pecho, los glúteos y los muslos.

Para tener un cosmético todo en uno: aceite de aloe vera.

Como esta planta es la mayor aliada a la hora de cuidar la dermis, nos encontramos ante un producto hidratante, calmante y regenerante, que ayuda a proteger nuestra piel.

¿Cómo realizar las mejores recetas de aceite corporal casero?

Una vez hayas seleccionado el o los aceites esenciales que quieras emplear en tu mezcla, solo tendrás que hacerte con un bol para mezclar todo, con un embudo para trasladar la mezcla y con un recipiente en el que después puedas guardar el resultado final.

Preferiblemente intenta que este último sea de cristal, opaco (para así proteger mejor el contenido de los rayos solares) y también que cuente con un dispensador práctico que te ayude a extraer la cantidad justa que necesitarás en cada dosis.

Con todo esto listo, ya podemos ponernos manos a la obra, siempre teniendo en cuenta que la lista de ingredientes principales y las proporciones que necesitarás para rellenar el envase son las siguientes:

  • 130ml de cada uno de los aceites esenciales que hayas elegido combinar, o 260ml en el caso de que sea uno solo. En caso de duda, mi consejo es que combines aquel que te resulte más llamativo con el de aloe vera, debido a todas sus propiedades.
  • 2ml de esencia de tomillo, que le aportará un agradable aroma. Por supuesto, también puedes utilizar cualquier otra a tu gusto, como la de vainilla, pomelo o ciprés, dependiendo si prefieres fragancias más afrutadas, herbales o amaderadas.
  • 3ml de esencia de naranja, otro aromático estupendo que a su vez contiene multitud de vitaminas, que sirven para combatir tanto las infecciones como el envejecimiento prematuro.

Ahora que ya tienes las cosas necesarias a mano. y los recipientes que vayas a emplear estén desinfectados y bien limpios, ha llegado el momento de que te pongas manos a la obra. No vayas con prisa y mezcla con cuidado, para que todo se combine perfectamente y no te manches en el proceso.

Echa en el bol la mitad de los dos aceites esenciales y, con una cuchara, bate bien la mezcla. Otra alternativa es que los metas directamente en la botella o envase final y que lo agites hasta que se unifiquen por completo, aunque recomiendo menos esta alternativa.

A continuación, añade las esencias que hayas comprado (que pueden ser las que te recomiendo o cualquier otra). De nuevo, remueve bien para que se mezclen por completo.

Cuando lo tengas, añade lo que queda de los aceites y repite lo de mezclar a través de enérgicos movimientos circulares con la cuchara. En cuestión de minutos, tendrás el aceite casero listo para ser utilizado.

Mi consejo es que llegados a este punto lo pruebes en alguna zona, como la muñeca, y veas si te convencen el olor, la textura y la sensación que dejan. Lo bueno es que en este momento todavía puedes corregir añadiendo más cantidades de ciertos elementos.

Para terminar, solo tienes que traspasar todo al envase en el que vayas a conservarlo y, después, guardar este último en un lugar fresco, seco y alejado de la luz solar directa. De esta forma conseguirás que se conserve en estupendo estado durante más tiempo.

¿Cuál es la manera correcta de aplicarlos?

Para cerrar, vamos a ver cómo conviene utilizar este producto para aprovechar al máximo sus beneficios. Pero no te preocupes, que es muy sencillo y tampoco te robará demasiado tiempo a diario.

Porque, sí, los aceites esenciales es mejor que los utilices todos los días al menos una vez, aunque si lo aplicas una vez por la mañana y otra por la noche, conseguirás mejores resultados y también tener tu cuerpo nutrido las 24 horas.

Además, recuerda que si los extiendes después de la ducha y/o de haber exfoliado la piel, lograrás que la mezcla se asimile mejor y que penetre más a fondo, por lo que sus propiedades se desencadenarán con mayor eficacia.

La mejor manera de hacerlo es empleando las yemas de los dedos (que deben estar previamente limpias) para realizar un masaje con movimientos circulares, a la vez que ejerces una ligera presión en todo el cuerpo.

Esto se debe a que de esta manera reactivas la circulación al mismo tiempo que fomentas que el producto se asimile mejor.

Dependiendo de los ingredientes que hayas utilizado, tendrás que esperar más o menos tiempo a que se absorba por completo, aunque por lo general no serán más de unos minutos los que tengas que estar así antes de vestirte.

Ahora que ya te he explicado cómo hacer un aceite corporal casero, seguro que has comprobado que no es tan complicado como pueda parecer. Así que aprovecha para hacer un cosmético a tu medida e iniciar el año con el cuidado y los mimos que mereces.