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Cómo hidratar la piel del cuerpo

La piel requiere cuidados a diario para no estropearse. El problema es que normalmente nos centramos solo en la del rostro, cuando la del cuerpo es igual de sensible y necesita también mucho mimo. La clave reside en una buena nutrición, por lo que vamos a ver cómo hidratar la dermis correctamente.

Como siempre, la constancia será vital para conseguir grandes resultados. Pero igual de importante es saber dar con los productos y tratamientos adecuados a tu caso en concreto, así como seguir ciertas pautas de prevención, para evitar que la deshidratación se produzca en primer lugar.

Todo ello es precisamente lo que encontrarás a lo largo de este artículo, en el que vamos a repasar por qué debemos vigilar los niveles de nutrición del cuerpo y las mejores maneras de conseguirlo sin tener que invertir demasiado tiempo o hacer un esfuerzo inmenso.

Por qué debes cuidar la nutrición de tu dermis

Aunque hablamos mucho de la importancia de la hidratación, en muchas ocasiones no le dedicamos el tiempo suficiente a comprender los motivos por los que es así. Esto es un error, ya que al entender el peso que tiene la nutrición en el estado de la dermis, podemos saber mejor cómo mantenerla.

El motivo principal es que solo si la piel está bien hidratada mantendrá la película hidrolipídica (que protege el cuerpo frente a las agresiones externas) y la elasticidad, lo que a su vez impide que se rompa, desgarre o dañe con tanta facilidad.

Es decir, que si quieres que luzca sana y bonita, tendrás que impedir que se seque. Para conseguirlo antes conviene que sepas cuáles son las características de tu dermis, pues aquellas con poco sebo tienen más tendencia a secarse, porque la grasa no impide que el agua se evapore de la piel.

También hay otros factores que influyen. Por ejemplo, a medida que pasan los años, el cuerpo pierde una mayor cantidad de agua. Por eso, disminuyen la luminosidad y flexibilidad de la piel, lo que hace que salgan arrugas con más frecuencia.

Otros elementos que fomentan este proceso de pérdida de agua son los desórdenes hormonales, no mantener un ritmo de vida sano (lo cual incluye beber mucha agua), una exposición prolongada y directa al sol, el tabaquismo y el uso de productos cosméticos inadecuados o dañinos.

Por tanto, podemos afirmar que conservar la nutrición de la dermis consigue recuperar la elasticidad perdida, proteger a la dermis frente a los factores externos (como las temperaturas extremas, los rayos del sol y la contaminación), frenar el envejecimiento prematuro, aportar luminosidad y hacer que se vea más tersa, radiante y bonita.

Las mejores soluciones para tu cuerpo

Como hemos indicado, existen múltiples factores que influyen en el nivel de nutrición de nuestra dermis, por lo que tendremos que seguir diferentes pautas para que no se reseque. No te preocupes, porque la mayoría de estas soluciones son muy sencillas y, además, te permitirán estar más sana en general.

Bebe mucha agua

Por supuesto, esto es indispensable. Puede parecer obvio, pero es sorprendente la cantidad de personas que no bebe la suficiente cantidad de agua a lo largo del día. Ojo, porque tiene que ser agua, ni zumos, ni refrescos ni mucho menos alcohol sirven.

Al fin y al cabo, en torno al 20% de nuestro organismo es este líquido, por lo que tenemos que ir reponiendo la cantidad que perdemos, en especial si ya tenemos una edad. Así que tienes que consumir en torno a litro y medio o dos litros de esta bebida.

Mi consejo es que siempre tengas un termo a mano y, también, que apuestes por las infusiones, que hacen la experiencia más interesante y así puedes aprovechar el resto de sus propiedades.

Lleva una dieta sana

Si no le aportamos al cuerpo los nutrientes necesarios, esto afectará a las células que conforman la piel, que se debilitarán. Para evitarlo hay que consumir una cantidad adecuada de vitaminas, proteínas y ácidos grasos.

La mejor manera de conseguirlo es llevar una dieta sana, variada y equilibrada, en la que predominen las frutas y verduras y no se abuse de los productos grasos, la bollería industrial o los precocinados.

Evita el alcohol y el tabaco

Un poco en la línea de lo anterior, tampoco conviene que consumas alcohol, ya que (entre otras desventajas), reduce la capacidad de producir colágeno y los niveles de oxígeno en la sangre. También acelera el envejecimiento prematuro de la dermis.

Por su parte, fumar tampoco es recomendable. Más allá de que el humo seca y daña la dermis, la nicotina disminuye el tamaño de los vasos sanguíneos y, por tanto, afecta al flujo de sangre, lo que hace que se acaben acumulando sustancias nocivas.

Si esto te parece poco, ten en cuenta que acelera el estrés oxidativo de las células y daña la barrera de protección cutánea, a la vez que hace que algunas zonas (como nuestros dedos sobre todo) se vean amarillas.

Ten un descanso adecuado

Las horas de sueño también afectan a la piel, y no solo en la aparición de las ojeras o las bolsas, por lo que debes intentar dormir en torno a ocho horas cada noche.

El motivo es que este momento ayuda a mantener sano todo el cuerpo, de manera que un descanso deficiente afecta a la barrera de protección de la dermis y a la producción de colágeno.

Protégete del sol

Por mucho que el sol es esencial y en estos tiempos de pandemia necesitamos su vitamina D más que nunca, debemos tener cuidado a la hora de exponernos a sus rayos de manera directa, sobre todo si lo hacemos de forma prolongada.

Ten en cuenta que el calor hace que el agua se evapore, pero es que además una sobreexposición desencadena una degeneración de la elastina y el colágeno. Para prevenir tanto esto como otras consecuencias nocivas, es importante usar protector SPF 50+ cuando vayamos a salir.

No te olvides de aplicarlo de forma homogénea en todas las áreas visibles (incluyendo el cuello y la parte trasera de las orejas) media hora antes de pisar el exterior y de volver a usar la crema cada dos horas.

Limpia bien tu cuerpo

A lo largo del día, en la piel se van quedando distintas partículas, tanto de suciedad, como de polen, polvo o contaminación. Si a esto sumamos las células muertas que se acumulan y el exceso de sudor o sebo, entendemos que adopte un aspecto rugoso y apagado.

Para evitarlo y conseguir que el cuerpo respire, es muy importante que lo limpiemos antes de irnos a dormir. Para ello vale con usar agua templada y un jabón suave en aquellas zonas que más sudoración producen o que han quedado más expuestas.

Además, en el rostro emplea un agua micelar o cualquier otro producto diario limpiador si has usado maquillaje, ya que es esencial retirar los restos antes de meterte en la cama. Con esto también previenes la deshidratación.

Pero, cuidado, porque una higiene excesiva tiene el efecto contrario, por lo que tampoco debes pasarte. Limpia tu cuerpo solo por las noches o cuando lo notes especialmente sucio. En la misma línea, no te duches más de una vez al día.

Los exfoliantes

Con la exfoliación puedes eliminar las pieles muertas y las partículas de suciedad mencionadas en el punto anterior. Este proceso te ayuda a limpiar la piel, oxigenarla y promover la renovación celular.

Gracias a este tratamiento, conseguirás que salga una nueva capa de dermis más tersa, sana y luminosa, pero también lograrás que los productos hidratantes penetren más a fondo y actúen con mayor eficacia, de forma que tu cuerpo quede bien nutrido.

Sin embargo, como es un tratamiento muy agresivo, no debes abusar de él, ya que podría dañarte la barrera de protección natural. Hazlo una vez a la semana en caso de pieles grasas, mixtas o normales, y cada quince días si la tienes sensible.

Las cremas hidratantes

Para lograr una nutrición profunda, es indispensable que utilices una buena crema hidratante a diario. Hazlo sobre la piel previamente limpia y seca, cuando todavía retenga algo de humedad tras la ducha, y realiza movimientos circulares.

Aunque debes aplicarla al menos una vez por la mañana y otra por la noche, para que la nutrición se mantenga las 24 horas, recuerda que puedes volver a incidir en aquellas áreas más secas siempre que sea necesario, pues no hay contraindicaciones asociadas a su uso.

Más allá de esto, fíjate en su formulación, que tiene que ser natural, contar con grandes humectantes (como la glicerina, el ácido hialurónico o la urea) y no tener compuestos irritantes, parabenos, alcoholes o un exceso de conservantes.

Los aceites corporales

Muy relacionado con el punto anterior se encuentran los aceites esenciales, que tienen un origen natural y consiguen aportarle una dosis extra de nutrición a tu cuerpo. Simplemente tendrás que utilizarlos a través de un agradable masaje, que fomenta la absorción al mismo tiempo que reactiva la circulación.

Si buscas uno que sea especialmente nutritivo, el de aceite de almendras dulces (rico en ácidos grasos), el de aguacate (con alto contenido en vitaminas A, B y E), el de coco (aporta flexibilidad y retrasa el envejecimiento) y el de germen de trigo (con capacidades antioxidantes) son excelentes para ti.

Con ellos como complemento y siguiendo el resto de pautas mencionadas, ya sabes cómo hidratar la piel del cuerpo con eficacia y sin demasiadas complicaciones. Si eres constante y sigues estos consejos, podrás disfrutar de una dermis nutrida, sana y luminosa.